





Parafilias en la sexología moderna es sinónimo de desviaciones sexuales que fueron llamadas aberraciones y perversiones por la psiquiatría clásica y el psicoanálisis.
"Para la persona la imaginación o los actos inusuales o extravagantes son necesarios para la excitación sexual, la que alcanza en forma exclusiva de esta manera.".Hasta hace no poco tiempo se consideraba desviado todo acto sexual que no fuera la penetración del pene en la vagina. La liberación sexual de los años sesenta y los adelantos de la sexología han contribuido a enmarcar en este concepto a situaciones mas concretas y delimitadas.
Últimamente algunos sexólogos han planteado la idea de llamar inadecuaciones sexuales a aquellas parafílias que se dan entre personas adultas, de mutuo acuerdo y que no producen daños graves ni escándalo público.
Esta idea surge del hecho que muchas veces se estigmatiza a quien sufre una parafília que no afecta a otras persona ni a la sociedad y que es vivida por quien la sufre sin conflictos.
Gran aporte en este campo ha realizado la Asociación Norteamericana de Psiquiatría en el DSM, ese listado en donde se actualiza permanentemente la lista de los considerados trastornos psicológicos, a la luz de las últimas investigaciones y progresos en este campo.
Entre los actos y situaciones que han dejado de considerarse desviados podemos destacar la masturbación (mejor llamada auto estimulación) , la homosexualidad, la gerontofília ( relacionamiento con adultos mayores, hoy considerada una auténtica discriminación, basada en que la sexualidad desaparece con los años ).
Para una mejor comprensión presentamos la clasificación de las parafílias del DSM:
TÍPICAS: fetichismo, exhibicionismo, travestismo, voyeurismo, zoofilia, masoquismo sexual, paidofília y sadismo sexual.
ATÍPICAS: coprofília, necrofilia, frotteurismo, escatología telefónica, clismafília y urofília.
Existen otras pero dada su poca incidencia no aparecen en las clasificaciones.
Vamos a explicitar aquellas menos conocidas o que requieren una mejor explicación.
PARAFILIAS TÍPICAS
TRAVESTISMO
Parafilia en que una persona necesita vestirse con ropas del sexo opuesto para lograr el placer sexual.
No debe confundirse con el travestismo homosexual para ejercer la prostitución, en este caso es un uniforme de trabajo, tampoco con el uso de ropas de mujer por parte de hombres para caracterizar papeles femeninos en el teatro, la televisión o el cine, llamado transformismo.
Tampoco se considera como trastorno en el caso del transexual, lo que hace en realidad es adecuar su vestido con su identidad de género.
SADISMO
El placer sexual se logra a través de actos que causen dolor físico o humillación y degradación. Hay una sustitución del coito por estas acciones. Es independiente de que la pareja consienta o no, es una parafília muy grave que puede llevar a delitos sexuales como la violación y la tortura.
MASOQUISMO
Al igual que en el sadismo el placer sexual se obtiene por sustitución del coito por actos que causen dolor y hasta lesiones físicas y humillación y degradación moral.
A diferencia del sadismo la persona provoca intencionalmente estas situaciones.
FETICHISMO
En esta parafília la persona, casi exclusivamente hombres, necesitan de objetos no vivos ( ropa, cabellos, uñas ) o parte de la persona (pies, cola, manos) deseada para lograr la excitación sexual, la masturbación y el coito.
Para terminar con las parafílias típicas daremos una definición breve de las restantes: la zoofilia ( sexo con animales ), paidofília ( con niños ), exhibicionismo ( el clásico paseante de los parques en las películas que al divisar una víctima abre de golpe su sobretodo para mostrar su desnudez, o necesitar ser visto para llevar a cabo el coito ) y el voyeurista ( el caso contrario al exhibicionista, necesita ver ).
PARAFILIAS ATÍPICAS
COPROFILIA Y UROFILIA
Relacionadas ambas con los esfínteres, en la coprofilia el placer sexual se da a través de las materias fecales, en la urofilia por la orina.
FROTTEURISMO
Es el conocido caso del que aprovechando lugares muy congestionados, como ómnibus o colas obtiene placer refregando sus genitales contra las personas.
CLISMAFILIA
El placer sexual se logra por la realización de enemas.
NECROFILIA
En este caso se trata de una parafília en que la relación sexual se realiza solo con cadáveres.
ESCATOLOGÍA TELEFÓNICA
Quien no ha recibido mas de una vez alguna llamada con fuerte contenido erótico, quien llamó sufre de esta parafília.
Para concluir debemos aclarar que rasgos de algunas de las parafílias explicadas se dan en una relación sexual normal.
En los juegos previos a la relación se puede dar un strep-tease, algunos mordiscos o juegos de dominación, pero lo que determina la parafília es la necesidad de realizar repetidamente y exclusivamente estos actos para lograr el placer sexual.
Es recomendable establecer claramente los límites antes establecer una relación seria o de quedar para una sesión. Es importante que ambas partes dejen claros cuáles son sus deseos en este respecto. Tanto el dominante como el sumiso pueden exponer sus límites, bien de forma oral o por escrito mediante algún tipo de formulario o descripción minuciosa.
Tipos de límites
* Límite absoluto: algo que no debe hacerse bajo ningún concepto. Rebasar uno de estos límites suele acarrear el fin de la sesión o de la relación. Ejemplos: "mi límite es la zoofilia".
* Límite negociable: algo que sólo se haría bajo circunstancias excepcionales o específicas, como en un momento de gran excitación sexual o con alguien de mucha confianza. Ejemplo: "no acepto ser prestado a otra persona a no ser que la conozca bien".
* Límite positivo: elemento del que no se puede prescindir. Ejemplo: "sólo me dejaré azotar si no dejas marcas".
* Sin límites: no se expone ningún tipo de restricción a las acciones que el dominante puede llevar a cabo. Generalmente denota gran falta de experiencia o un exceso de literatura. A medida que se adquire experiencia uno se va dando cuenta de qué prácticas le pueden agradar, cuáles no y hasta qué punto puede soportarlas. *También puede ser un síntoma de confianza en una relación afianzada donde se sabe que el dominante no va a realizar prácticas que desagraden y se confíe en él por dicho conocimiento de los gustos mutuos.
Conociendo tus límites
Una persona sin experiencia puede no comprender la importancia de los límites o puede no saber cuáles son los suyos. En dicho caso se haría necesario aprender de forma cuidadosa y sistemática cuáles son. Si la primera experiencia es demasiado extrema puede causar rechazo y dar lugar a que posteriormente no disfrute de dicha práctica nunca más.
Si ambas partes son nuevas al mundo del BDSM la experiencia puede ser aún más compleja, puesto que uno no sabe cómo no quiere las cosas y otra parte no llega a saber muy bien el alcance de sus actos.
Si ése no es el caso, la parte con más experiencia debería ayudar a la otra a informarse. No hay que olvidar que todos fuimos novatos.
Los límites no son inamovibles, suelen variar con el tiempo, las circunstancias y la confianza que se adquiera. Es normal que esto ocurra. También es bastante habitual que el umbral de dolor tolerable varíe. También se pueden cambiar los límites por curiosidad, como probar algo que normalmente te desagradaría por la curiosidad de saber cómo es o por la satisfacción de haber sido capaz de hacerlo. Siempre se está a tiempo de parar.
Sólo es aceptable que un dominante rebase los límites de un sumiso o masoquista si éste se lo pide.
Toda fantasía, en cualquier temática y concretamente en cual nos atañe, esto es, bondage, sumisión y dominación, debe de ser aceptada por todas las personas participantes de manera libre y voluntaria, ejerciendo su derecho a la libertad de decisión y por su propia voluntad.
Nadie debe de ser animado, amenazado, coaccionado, chantajeado u obligado a participar de un juego sexual que no sea de su agrado. Esta obligación refiere a ambas partes, tanto a quien acepta realizar la acción de atar como quien acepta la acción de ser atado o atada.
La aceptación de la fantasía debe de realizarse en estado sano y lúcido.
Nadie debe de aceptar participar en el juego erótico bajo la influencia de cualquier sustancia, administrada por la vía que sea, que afecte el comportamiento sano de las personas.
Dicho claramente, nadie puede participar en la fantasía si alguna de las personas que participa está bajo los efectos de alcohol, drogas u otras sustancias que repercutan o alteren su estado sano y lúcido.
El BDSM es un acrónimo que designa una serie de prácticas y aficiones sexuales relacionadas entre si y vinculadas a lo que se denomina sexualidad no-convencional. Sus activistas usan algunas de las prácticas que engloba, o su conjunto:
Bondage, Dominación-Sumisión, Disciplina, Fetichismo y Sadomasoquismo.
Las prácticas BDSM tienen un elemento común: los participantes construyen de forma voluntaria y partiendo de una situación de consenso, relaciones con marcado traspaso de poderes
Los abajo firmantes, todos ellos activistas y practicantes españoles del BDSM, impulsados por la redacción del conocido como Manifiesto 2000, dado a conocer en la conferencia mundial de la Leather Leadership Conference, suscriben el presente documento que pretende facilitar a la opinión pública una visión consensuada del BDSM en nuestro país:
1. La práctica del BDSM se deja difícilmente regular, por su implicación con sentimientos, sexualidad, pasión, voluntariedad y libre albedrío. Sin embargo, la comunidad BDSM mundial viene aceptando que las prácticas sexuales dentro de las relaciones BDSM deberían ser
SEGURAS: Todas las partes involucradas en ellas deben considerar el riesgo potencial que estas puedan entrañar, decidir si dicho riesgo es aceptable o no, y poner las medidas necesarias para evitar aquellos que no se deseen asumir.
SENSATAS: Todas las partes deben encontrarse en razonable disposición de juzgar los efectos de sus decisiones y las de las otras partes, así como de diferenciar fantasía de realidad.
CONSENSUADAS: Todas las partes deben haber llegado a un consenso que abarque las actividades a desarrollar. El consenso puede establecerse para cada escenario o de forma genérica, en el caso de relaciones perdurables en el tiempo. El consenso puede ser retirado por cualquiera de las partes en cualquier momento, obligando esto a dar por finalizado el escenario.
2. Sin perjuicio de lo anteriormente citado (conocido como el eslogan SSC), la práctica del BDSM, como cualquier otra, está sujeta al imperio de la Ley. Ninguna persona, ningún colectivo tiene el derecho de extender certificados de origen BDSM, tomando como base este o cualquier otro documento, ya que solo la Ley tiene potestad para decidir si una práctica es buena o mala, sensata o insensata. El BDSM se configura mediante la existencia clara, explicita y manifiesta del consenso, y si la relación es consensuada entre adultos razonables e informados, y se enmarca en las leyes vigentes actualmente, nadie tiene el derecho a dictar a terceras personas la forma más adecuada de llevarla adelante.
3. La comunidad BDSM en España, está formada por cientos de miles, seguramente millones de personas, que practican libre y sensatamente su forma de relación. Nadie ni nada puede asumir su representación, en tanto no se consolide la Federación de Organizaciones BDSM de España, y aún entonces dicha organización democrática solo será representativa de sus afiliados. Y menos que nadie, las personas relacionadas con la prostitución especializada, también conocida como dominación profesional, que cuentan con nuestro mayor respeto, pero que en absoluto son representativas del sentir, el vivir y el pensar de la inmensa mayoría de nuestra comunidad, y ni tan siquiera lo son de la minoría que practica el sadomasoquismo, dentro de la cultura BDSM.
4. Con independencia de si el BDSM se concibe como filosofía, como estilo de vida, como enriquecimiento sexual de la pareja o como elemento lúdico, sus integrantes en España se suelen distinguir por su espíritu abierto, sensato, dialogante y respetuoso con otras actitudes. El sectarismo, el dogmatismo y la sinrazón son manifestaciones completamente opuestas al sentir general del BDSM español, y su ausencia en alguien que se defina como miembro de la escena BDSM, puede servir para que personas fuera de la comunidad tengan un válido elemento de juicio respecto a la mencionada autodefinición.
5. El BDSM, como cualquier cultura o subcultura social, tiene naturalmente sus propias normas de conducta y su propia escala de valores, aceptada por unos y contestada por algunos. Pero como elementos vinculantes y unificadores, permanecen el consenso, la tolerancia y el respeto a las actitudes de otros. En definitiva, BDSM es sinónimo de libertad enmarcada en el respeto a los derechos ajenos. Es, entre otras muchas cosas, una forma de articular la sexualidad, las relaciones personales y la emotividad en un marco de tolerancia y respeto mutuo.
1. En el ambiente hispano, no existían modelos de asociacionismo homo-S/M tan adelantados y militantes como sus homólogos europeos. Cuando la Old Guard europea creaba las bases teóricas de su visión del BDSM, los gays españoles (tanto si eran practicantes de S/M como si no) luchaban simplemente por sus derechos mínimos.
2. Como consecuencia de lo anterior, el impulso al concepto moderno del BDSM no nace en España en el seno de la cultura homosexual, sino que surge del movimiento heterosexual con prácticas no convencionales, es decir, de la cultura hetero del D/S, fetichismo, bondage, etc.
3. No se promueve un movimiento asociacionista en España similar al de otros países europeos. La causa, probablemente, es que los activistas del BDSM hispano no tenían el ejemplo de las asociaciones homo en su país, que sí compartían Inglaterra, Alemania, USA y Francia. En realidad, hoy en día sigue sin existir ninguna asociación nacional o regional de BDSM en España, siendo solo mencionable la existencia de dos pequeños grupos en la capital y en la ciudad condal, respectivamente, de ámbito exclusivamente local.
4. El movimiento BDSM se va constituyendo a través de los canales de chats en Internet, que van jalonando los hitos de su evolución intelectual, y en los que participan miles de personas de ambos sexos: bdsm, sumisión_tu_inicio, mazmorra, morbo, sumisas, etc.
5. La falta de asociaciones de carácter democrático que integrasen a los activistas más reconocidos de la escena nacional y proporcionasen informaciones solventes y medios de intercomunicación, promociona el crecimiento descontrolado y en ocasiones anómalo de alternativas sociales en forma de foros personales en Internet, a menudo carentes de un mínimo nivel formativo. Estos foros siguieron casi siempre una parecida dinámica: nacimiento-auge-personalismos-agostamiento-caída-desaparición
6. Esta virtualidad en el origen del movimiento español, hace que desde sus inicios los activistas sean generalmente conocidos por su pseudónimo o nick usado en Internet, sin que la escena española registre activistas con nombre y apellido, al uso de otros países. De este modo, la evolución intelectual del BDSM español no va ligada a nombres propios, sino a nicks como Pantaleón, Surfer, Daryus, SirGod, Stavira, IKARA, ussul, y muchos otros que comenzaron a finales de los 80 y principio de los 90 a participar activamente en la definición de lo que hoy llamamos el BDSM español.
7. La cultura española, como todas las de índole mediterráneo, era bastante más permisiva en lo sexual que la anglosajona. Las teorías de Krafft-Ebing sobre la supuesta patología de determinadas practicas sexuales, entre ellas las incluidas en el BDSM, no contaron en España con el seguimiento de otros países, ni siquiera en la medicina legal. Y a partir de 1985, con la publicación en EE.UU. de estudios científicos que valoraban las prácticas BDSM como alternativas sexuales no patológicas, la permisividad se transforma en un cierto reconocimiento social. El desarrollo del BDSM español, diferenciado del resto del mundo occidental, hace que su vida virtual (entendida como ejercicio de actividades exclusivamente vía Internet) sea muy superior en grado y porcentaje a la de otros países occidentales, mientras que la repercusión de la comunidad sobre los medios de comunicación, sea muy inferior al resto; que no exista una rica y variada vida cultural e intelectual en el seno del BDSM español y, finalmente, que coexistan altos grados de actividad y conocimiento, con la difusión de nebulosas teorías, a menudo forjadas desde la incorrecta traducción de la terminología anglosajona. Un caso paradigmático de esto último fue el de cierto foro, ya desaparecido, en el que se mezclaban postulados inasumidos del BDSM con singulares teorías sobre el cristianismo, así como –más actual– un foro que ahora mismo sostiene en su doctrinario, como pilar fundamental del BDSM, el concepto de sane a aplicar a las prácticas, traduciéndolo erróneamente del concepto SSC como 100×100 sano en sus aspectos clínicos y físicos, en contra de la práctica y la evolución intelectual del BDSM mundial. Este mismo foro administra la teoría, extraña en estos ambientes y ampliamente refutada por la moderna medicina, según la cual toda actividad BDSM que no se ejercite exclusivamente como solo juego, encierra un sustrato patológico.
No ha habido grandes debates intelectuales por posturas enfrentadas en el seno del BDSM hispano. Los enfrentamientos solían sucederse más bien, como en los dos casos anteriormente citados, entre grupos pequeños de nueva adscripción, por una parte, y los activistas ya conocidos, de otra. Fueron objeto de tales debates cuestiones como la edad mínima apta para la información sobre el BDSM (lo que se dio en llamar la guerra de menores ), la confluencia con el mundo vainilla, la disputa sobre si el BDSM solo era posible (en su sentido de políticamente correcto) considerándolo únicamente como juego, etc. Algunas de estas discrepancias, como esta última, siguen vigentes en partes marginales y periféricas de la escena española, aunque ya hace años desaparecieran de la europea. La razón para la pervivencia de estos debates habría que buscarla, quizás, en la falta de un movimiento asociacionista democrático y en la conseguiente proliferación, al faltar aquél, de entornos con baja preparación, escasas posibilidades de participación y estructuras totalitarias, poco tolerantes con sensibilidades distintas a las del propio grupo o de la persona que dirija dicho entorno.
Fuente:História del Bdsm
Este término deriva de Fetiche (del portugués fetiço: hechizo) que alude a un ídolo u objeto de culto, de ciertos pueblos primitivos. A este objeto, al fetiche, se le atribuían propiedades mágicas derivadas de un dios o de determinada persona. En el área sexual el fetiche es algo que se necesita de la compañera (esta es una parafilia conocida en varones) para alcanzar el goce sexual y nos habla de la vinculación erótica con un objeto inanimado o una parte del ser amado: bombachas, medias, ligas, pieles, los pies, mechones de cabello, zapatos.
Las parafilias –también llamadas por algunos desviaciones o variaciones– son definidas por el hecho de que la imaginación o los actos inusuales o extravagantes son necesarios para conseguir la excitación sexual, siendo en muchos casos el modo preferido o excluyente. |
Algo de fetichistas tenemos todos cuando nos gustan las mujeres rubias o las de piernas torneadas y con mirada lánguida, o las morochas bajitas con aire de femme fatale; o las mujeres que usan botas de cuero o zapatos con taco aguja, o con portaligas o con determinado corpiño, y a todas esas características les atribuimos la posibilidad del placer. Esto tiene que ver con una cultura que parcializa el cuerpo femenino, confundiendo la parte con el todo (pars pro toto): si tiene mejores nalgas será más ardiente, si posee senos prominentes nos deparará, seguro, mayor felicidad en el lecho (“La belleza es una promesa de felicidad”, afirmaba Stendhal).
K. Marx, en otro orden de cosas, sostenía que uno de los mayores fetiches era el dinero. |
Los varones han sucumbido fácilmente a estos valores ilusorios que, por otra parte, cambian según las modas y costumbres imperantes. Otra vez la mujer es mostrada como una muñequita de lujo y no como una persona íntegra con igual dosis de sensibilidad, talento e inteligencia. Pero, en un sentido estricto, el fetichista necesita exclusivamente de una determinada condición u objeto para gozar del sexo, a veces acompañado por una mujer y otras a solas con prácticas masturbatorias.
Bien dice A. Confort que “no es lo mismo excitarse con un zapato que con una mujer en zapatos”. |
Como decíamos antes el fetichista suele buscar un objeto de la mujer o varón deseados (ropa, mechón de cabellos, una joya, una pantufla) y por ese excluyente intermedio halla un placer solitario. Otras busca una pareja con una característica determinada para satisfacerse, por ejemplo que sea excesivamente gorda o con rasgos masculinos (o femeninos, según la preferencia sexual), incluso con defectos físicos, o la hace vestir con determinadas prendas. De no ser así no logra satisfacerse ni llegar al orgasmo, y esto es lo que le da un rasgo esencial al fetichismo: la necesidad imprescindible de ese rasgo u objeto, llevado al punto de una obsesión, para la meta sexual.
Freud nos habla en estos casos de "una sustitución inapropiada del objeto sexual donde la meta normal está reemplazada por algo que guarda relación con ella. El sustituto es, en general, una parte del cuerpo habitualmente poco apropiada a un fin sexual (los cabellos, el pie) o un objeto que mantiene una relación demostrable con la persona, preferiblemente con la sexualidad de ésta (prenda de vestir)". "No sin acierto", nos sigue diciendo Freud, "se ha comparado este sustituto con el fetiche en que el salvaje ve encarnado a su dios". Lo que se podrán preguntar los lectores es por qué se elige cierto objeto y no otro, y el psicoanálisis lo remite a una impresión sexual de la primera infancia: "siempre se vuelve a los primeros amores", nos recuerda Freud. El objeto sería así un recuerdo encubridor que nos oculta el verdadero deseo del fetichista. Aquí el psicoanálisis nos refiere una cierta simbología, que se podrá o no compartir, cuando por ejemplo nos equipara el pie como símbolo sexual arcaico, fálico, cosa que se ve en los mitos y en las estatuas que representan a dioses unipedes (con un pie) relacionados con el culto de la fertilidad; a las pieles o cabellos que deberían su cualidad de fetiche por asociación con la formación pilosa del monte de Venus; los zapatos y pantuflas como símbolos de los genitales femeninos.
Para el padre del psicoanálisis la preferencia fetichista por un pie se deriva de la sexualidad infantil: el pie reemplazaría al pene que la mujer no posee, y nos agrega que en muchos casos podía demostrarse que la necesidad imperiosa de ver los genitales de la madre, mirados desde abajo, quedó detenida en su camino por un mecanismo represivo y por eso retiene como fetiches al pie o a un zapato o la bombacha y en este proceso los genitales femeninos se imaginaron, de acuerdo con las expectativas del niño, como iguales a los que él posee. Aquí Freud hace intervenir la angustia de castración del varón, temática bastante compleja dentro del psicoanálisis, pero que resumiéndola de una manera simple nos dice que el objeto elegido como fetiche es un sustituto del pene (falo) de la madre en el que el varoncito ha creído y no quiere renunciar puesto que si la mujer, su madre, está castrada, su propia posesión del pene corre peligro. De esta manera, recuperando una y otra vez el fetiche, niega su ansiedad de castración.
Bastante razón tenía Freud cuando sostiene que "probablemente a ninguna persona del sexo masculino le es ahorrado el terror a la castración al ver los genitales femeninos". |
Para muchos las teorías freudianas sobre la castración no tienen sustento y las descartan, sin embargo creemos que es algo que tiene un peso importante en la formación psicosexual del ser humano.
Muchos hombres luchan interiormente al verse entre dos fuerzas antagónicas: el deseo de someterse a una Mujer y la masculinidad.
La solución que algunos adoptan es mantener ambas áreas de su naturaleza separadas y, para ello, visitan con regularidad a una Ama de pago; lo que les permite someterse a una Mujer mientras que la otra cara de su personalidad sigue siendo la única que ve su Mujer. Esta solución puede funcionar a corto plazo pero no aportará el mismo grado de realización que someterse a una Mujer en el contexto de una relación.
Una de las malinterpretaciones más extendidas sobre el estilo de vida de la Dominación Femenina es que el hombre debe perder su masculinidad cuando se somete a una Mujer. Aunque sea cierto que algunos hombres quieren ser feminizados y despojados de su masculinidad, la mayoría de los sumisos siguen siendo bastante masculinos.
A muchas Mujeres Dominantes les gusta dominar y controlar a un hombre masculino. Lo que a la mayoría de las Mujeres Dominantes les disgusta es un hombre machista, no un hombre masculino... Y hay una gran diferencia. A las Mujeres Dominantes les gusta despojar a un hombre de su machismo y de su ego masculino, no necesariamente de su masculinidad.
La vida consiste en tomar decisiones. Sentarse a verla pasar sin tomarlas sólo acaba por desembocar en el stress y la incertidumbre. Al tener una naturaleza dual es difícil avanzar en la vida porque siempre hay dos mentes antagónicas en permanente conflicto que ocasionan luchas internas. Las decisiones tomadas, en realidad, sólo obligan a una de las partes y, por tanto, las metas y los objetivos nunca se pueden alcanzar por completo. No se puede satisfacer a dos facciones antagónicas dentro de la misma personalidad. Es preciso tomar una decisión y comprometerse sólo con esa decisión.
Si el hombre quiere experimentar la verdadera sumisión a una Mujer, tiene que dejar a un lado su orgullo masculino y volverse humilde sometiéndose a su Mujer o a la Dominante que haya en su vida. Una vez que ella esté a cargo de la relación la permitiremos continuar así. Por supuesto que no será fácil algunas veces, pero aquí es donde hay que probar la decisión y el compromiso de sumisión. La voluntad del hombre es libre y puede usarla para tener una actitud machista hacia las Mujeres pero eso nunca le permitirá realizarse como sumiso.
Según vayan creciendo los deseos de sumisión, el orgullo y el ego masculino irán doblegándose. La sumisión es un deseo, pero también es una decisión. La voluntad humana será la que decida cuál de las dos fuerzas antagónicas de la personalidad acabará venciendo. Cuanto más sometido a la Mujer se está, con más fuerza crecerá el deseo de sumisión y, por tanto, más fácil será someterse.
Hay algo que debe quedar claro: Si el hombre ignora los deseos de sumisión y trata de suprimirlos, no sólo no desaparecerán sino que se fortalecerán con la edad. Si el deseo de someterse a la Mujer se encuentra en la personalidad, acabará por materializarse y vencer. Si es un deseo débil y al que se le puede dar la espalda, sólo bastará tomar la decisión y comprometerse con ella.
Sin embargo, si los deseos de sumisión son fuertes, será muy difícil superarlos simplemente con la fuerza de voluntad. En ese caso, no hay otra opción que no sea rendirse a los deseos de sumisión en vez de luchar contra ellos. Cuanto antes se acepte la profundidad de estos deseos en nuestra personalidad y cuando antes se tome la decisión en favor de la sumisión, antes se podrá gozar de la verdadera realización que la sumisión aporta.
No debemos olvidar que no hay que perder la masculinidad para someterse a una Mujer. Hay que doblegarse y despojarse del orgullo y del ego masculino. La buena noticia es que la Mujer Dominante ayudará al hombre en ese proceso y que exigirá que las actitudes machistas desaparezcan.
Una vez que se inicia el proceso de sumisión a la Mujer, ellá ayudará a que se desarrolle pues la sumisión del hombre alimentará su Dominación y, por tanto, ella también se desarrollará con más fuerza.